Los minutos que nadie vio
Cuentos de Misterio 18 años o más
La última campanada de Villa Bruma
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Los minutos que nadie vio

La encargada del teléfono conservaba el registro de las conexiones. Esteban había hablado con su notario entre las nueve y cincuenta y las nueve y cincuenta y dos. El notario, consultado desde el teléfono de la casa, confirmó que quería denunciar unas irregularidades de Abel al día siguiente.

Inés permitió comprobar su propia llamada. La operadora y su interlocutora la situaron al teléfono desde las nueve y cincuenta hasta pasadas las diez. La encargada entró dos veces en el invernadero durante ese intervalo y la encontró allí.

Abel, en cambio, no tenía testigos de su presencia en el salón antes de las diez. Celia recordó haberlo visto salir del pasillo del despacho con un disco en la mano a esa hora. Él le pidió que lo pusiera a las diez y cuarto. Cuando le preguntaste por qué lo había callado, reconoció que temía que la responsabilizaran de haber reproducido la voz.

La cocinera había oído un golpe cerca de las nueve y cincuenta y seis. La doctora no lo convirtió en una certeza médica, pero te mostró el reloj de pulsera roto a esa misma hora. El reloj de sobremesa, a las diez y cuarto, no tenía daños.

El disco conservaba un brindis antiguo de Esteban. La voz que habíais oído juntos no acreditaba que siguiera vivo. Abel necesitaba esa hora tardía porque su propio relato dejaba sin testigos precisamente el intervalo de la reunión con el dueño.

Podías comunicar la reconstrucción a la policía y pedir que interrogara al administrador sobre ese tramo. O tratar el hecho de que Celia hubiera manejado el gramófono como prueba suficiente de que ella también había cometido el asesinato.

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¿Qué camino eliges?

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