Una hora demasiado cómoda
Cuentos de Misterio 18 años o más
La última campanada de Villa Bruma
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Una hora demasiado cómoda

Señalaste a Inés porque estaba ausente a las diez y cuarto. Ella preguntó qué relación tenía aquella hora con la muerte. Mostraste el reloj de sobremesa, aunque ya sabías que sus agujas podían haberse movido y que la voz pertenecía a un disco antiguo.

Los agentes no aceptaron convertir esas suposiciones en una prueba. Comprobaron la llamada de Inés y la encontraron al teléfono durante el intervalo anterior al brindis. Después aseguraron los papeles de Abel, el disco y el faro de bronce.

La investigación terminó señalando al administrador. La citación a las nueve y cincuenta y cinco y los justificantes del dinero desviado dieron sentido al engaño del gramófono. Abel reconoció después la agresión y la manipulación de la escena.

Inés recibió tu disculpa sin responder de inmediato. No te debía agradecimiento por un caso que otros habían tenido que enderezar mientras ella soportaba tu acusación.

Antes de marcharte, corregiste el informe con todas las dudas que habías omitido. El asesino no había cambiado: tú habías dado a un reloj intacto más autoridad que a las pruebas que lo contradecían.

En tu cuaderno quedó una línea bajo la hora del brindis: «Oído por todos no significa ocurrido como todos creyeron».

¡Fin!

Este cuento tiene 8 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Examinar el despacho y el reloj detenido
  2. Comprobar el brindis y contrastar las horas
  3. Tomar las diez y cuarto como hora segura y acusar a Inés
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