La fila ante la puerta
Kessa siguió los postes con Vorn y Draven a su lado. En el punto donde se detenían las figuras encontraron el umbral de una puerta derribada. Una placa de plomo seguía clavada en el suelo.
Draven limpió la inscripción. Era un sello de retención: mientras permaneciera entero, las huellas de quienes habían cruzado no podrían abandonar la aduana. El registro se encontraba en la sala de archivos, justo detrás del umbral.
—Lo firmé yo —dijo—. Me ordenaron impedir que los evacuados siguieran hacia el puerto. Sabía que quedaban encerrados.
Kessa le pidió que apartara las manos de la placa. Vorn podía fundirla con su aliento y despejar el paso, pero al hacerlo destruiría también la orden grabada. Draven propuso copiarla y leer después la fórmula de anulación que figuraba en el borde.
El dragón bajó la cabeza. No discutió con el escribiente ni intentó consolar a Kessa. Esperó a que ella decidiera qué hacer con aquella primera prueba.
¿Qué camino eliges?
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