La conversación de la oscuridad en la planicie
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La conversación de la oscuridad en la planicie

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La planicie permanece en silencio, pero no es quietud: es una conversación contenida en sombras. El grupo se detiene frente a una grieta de luz que late con pulso propio, y la oscuridad que la rodea parece respirar y escuchar. Vorn, imponente y taciturno, inclina ligeramente la cabeza y observa la ruta que se abre hacia la derecha, donde las sombras se vuelven palabra y miedo. Kessa apoya el peso de su arco, el metal suave de la cuerda emite un murmullo breve, y Draven se mantiene aparte, con la mirada fría y constante. Nadie habla, pero cada uno sabe que la decisión que tomen aquí tendrá un precio.

La grieta de luz parece invitar a seguir, pero también revela otra salida: un borde de sombra que parece deslizarse a lo largo del terreno, como si la oscuridad misma estuviera buscando un camino distinto. El grupo se mira, midiendo nervios y pliegues de la ruta. El viento trae un susurro que podría ser un miedo antiguo, una promesa de peligro o una prueba directa. Entonces la oscuridad, con voz propia, se convierte en una conversación que no se pronunció en voz alta: parece discutir, entre líneas, si debe ser enfrentada o evitada.

—Debemos avanzar con cautela —dijo Vorn.

—No hay sorpresa si tomamos la ruta oscura, pero sí hay costo —dijo Kessa.

—El miedo no es enemigo si lo nombramos. Podemos buscar una salida alterna y salir por donde nadie espera —dijo Draven.

Kessa observa primero a su alrededor y luego se dirige al grupo con mano firme en el centro de su arco. Sabe que la oscuridad oculta peligros, pero también ofrece información que nadie más podría obtener si se mantiene ciega ante ella.

—Si vamos por la ruta oscura, sabremos qué la criatura de la planicie teme: nos obligará a ver con precisión lo que evitamos en la luz. Podemos prepararnos y usar cada sombra a nuestro favor —dijo Kessa.

Vorn alza una de sus patas, y el sonido de las escamas, como una lluvia antigua, recorre el suelo. Habla con la voz que queda entre el murmullo y el trueno, clara, sin florituras.

— Avanzar con sigilo no es huir; es escuchar lo que el miedo quiere decirnos. Si la oscuridad está dispuesta a conversar, debemos entender su lenguaje para que no nos engañe. Pero si la conversación nos confunde, la salida alterna podría ser la respuesta más simple y más cruel.

Draven inclina la cabeza, como si aceptara una prueba que nadie quiere aprobar, y su voz, grave y precisa, rompe el silencio de la planicie.

— El miedo que hablas no es un muro, es una señal. Si seguimos la ruta oscura, debemos vigilar el terreno y no dejar que lo que tememos decida por nosotros. La salida alterna debe estar ya marcada en nuestra memoria, no en la sombra. Puedo, si quieren, describir las señales que la sombra deja para que no nos tomen por sorpresa.

Kessa respira hondo y asiente, tomando el control de la conversación como si fuera una flecha lista para disparar con precisión.

— Si alguien se queda fuera de la conversación, se expone. Propongo que cada uno exprese su mayor miedo respecto a la ruta oscura y su plan para enfrentarlo. De esa forma, sabremos si hay una salida segura o si debemos seguir la idea de la salida alterna.

La conversación se coló entre ellos como una corriente fría. Vorn cierra los ojos apenas un instante, como si escuchara sonidos que no tiene sentido para la vista humana, y luego los abre de nuevo para fijar la atención en la última decisión que podría sellar su destino en esta planicie.

—Si avanza la oscuridad, que la luz de la grieta funcione como guía. Si no, trabajaremos para crear un camino alterno que pueda mantenerse estable sin depender de esa curiosa conversación de sombras. Debemos acordar algo claro, o nos veremos atrapados en este cruce sin salida —dijo Vorn.

Kessa, con el ceño fruncido, alarga la mirada y observa la grieta y la ruta oscura, midiendo el ritmo de cada decisión. Su voz llega con la calma de una mano que sabe cuándo apretar el gatillo y cuándo dejarlo en reposo.

—La ruta oscura nos exige estar atentos, pero nos da información inmediata. Si elegimos avanzar, propondré un plan de avance cada diez pasos, con evaluaciones cada vez que una sombra cambie de forma. Si no, seguiremos la salida alterna a través de la loma que no parece tan peligrosa, y que podría llevarnos a una cueva que hemos visto en el mapa mental de algunas noches —dijo Kessa.

Draven extiende la mano izquierda, como si en su palma se pudiera ver un mapa invisible, y desaparece la tensión por un instante en la oscuridad circundante.

—La salida alterna no es seguridad garantizada, pero es una ruta concreta. Si quieren que la conversación termine hoy, podemos trazar un plan mixto: avanzar un tramo por la ruta oscura con vigilancia, y cuando la sombra se haga más densa, desviar a la salida alterna para ver si hay señales que nos permitan entender mejor el miedo que nos visita —dijo Draven.

Se miran entre sí, como si cada uno pudiera leer la respiración del otro desde la distancia. El silencio de la planicie ya no era el silencio de antes: era una decisión en proceso, la unión de tres voluntades frente a una misma duda antigua. El mundo parecía contener la respiración para escuchar el siguiente paso, como si el suelo mismo esperara una señal de su parte.

—Entonces decidimos empezar por la ruta oscura, con vigilancia, y, si el miedo se intensifica, tomamos la salida alterna —dijo Vorn.

—Estoy de acuerdo. Pero cada diez pasos, evaluamos —dijo Kessa.

—De acuerdo. Si la oscuridad continúa como conversación, no debemos quedarnos con dudas. Procedemos, y si encontramos algo nuevo, lo aceptamos o lo echamos a un lado según convenga —dijo Draven.

Con la orden dada, la planicie parece ajustarse a su decisión. La grieta de luz, que parecía un pulso, se mantiene como un faro irregular, pero fiable. La oscuridad alrededor de ellos sostiene su conversación, no para confundirlos, sino para revelarles lo que temen ver y, de algún modo, para que aprendan a mirarlo con claridad. Y cuando finalmente dan un paso, lo hacen juntos, sin prisas, sin excusas, y con la certeza de que la salida, si llega, tendrá que ser ganada con cada acción de hoy. Así termina esta escena: no en la sombra, sino en el acuerdo que nace entre miedo y coraje, y la promesa de no abandonar jamás una decisión que se tome con la frente alta y el paso medido.