Un laberinto sin salida automática
Elian levantó cuatro paredes de sombra alrededor del guardián. El mecanismo quedó oculto, pero también desaparecieron los postes que señalaban el sendero.
Añadió dos giros para acercarse a la salida y perdió la referencia del primero. Vega se posó en su hombro. Todavía podía emitir una señal breve si él despejaba la vista.
—Deshaz las paredes —pidió—. Podemos probar el código de los observadores.
Elian temió que hacerlo pareciera admitir que su plan no había funcionado. Sin embargo, cada pared nueva exigía recordar otro giro, y la caja de la lente empezaba a pesarle.
Podía desmontar el laberinto en orden y dejar a Vega señalar al guardián, o mantenerlo e intentar orientarse desde dentro.
¿Qué camino eliges?
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