Las linternas que no eran luciérnagas
Nilo los guio entre pequeñas luces verdes. Ada pensó que eran luciérnagas, pero al acercarse vio linternas de papel con piedrecitas luminosas dentro.
—Las colocamos para la fiesta del jardín —dijo el duende—. Podemos hacer una para tu casa cuando volvamos.
Silbo contó que a su hermana le gustaban las luces verdes. Nilo no intentó distraerlo de aquel recuerdo; le preguntó cómo se llamaba.
Conversando llegaron al quiosco. La encargada anotó su visita y les prestó la llave con forma de hoja.
Desde allí, un camino ancho bordeaba el estanque hasta la gruta. Ada consultó el plano y Silbo se despidió de Nilo. Ya tenían lo necesario para acercarse a la caja de música.
¿Qué camino eliges?
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