El quiosco al otro lado
Eren los acompañó hasta el estanque. Al otro lado estaba el quiosco donde se prestaba la llave.
Un puente ancho lo conectaba con el sendero. La cuidadora acababa de revisarlo y un cartel permitía el paso de caballos, de uno en uno. También había un camino que rodeaba el agua.
Silbo escuchó cómo crujía una tabla cuando Eren la pisó. El lobo le mostró las vigas firmes debajo.
—Podemos cruzar despacio o dar la vuelta —dijo—. La llave no se va a marchar.
Ada esperó junto a Silbo. No necesitaban escoger el mismo camino que los demás visitantes para llegar al quiosco.
¿Qué camino eliges?
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