La vuelta junto a los juncos
El templo de la Felicidad y la canción que faltaba
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La vuelta junto a los juncos

Silbo prefirió rodear el estanque. Eren les señaló el sendero y los acompañó un trecho.

Entre los juncos había patos con la cabeza escondida bajo un ala. Ada bajó la voz para no despertarlos.

El paseo era más largo, pero Silbo caminó a gusto. Al llegar al quiosco, la encargada anotó la visita y les prestó la llave con forma de hoja.

—Desde aquí sale el camino de la gruta —indicó.

Los amigos descansaron en un banco y se despidieron de Eren. Luego continuaron con la llave. Habían llegado al mismo lugar sin cruzar el puente, y Silbo se alegró de haber podido elegir.

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¿Qué camino eliges?

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