Tres tareas ante el guardián
Sira trabó la lanza espectral con el aro de contención de su arma. Darien desplazó la piedra que protegía el cierre; Ivar tiró de la puerta y la sostuvo.
Cuando la escalera quedó abierta, el guardián retrocedió hasta el pedestal. Los tres pasaron y soltaron el mecanismo en orden. La puerta permaneció abierta desde dentro.
Arriba llegaron al nivel de mantenimiento. Había una escalera central y tres nichos con instrucciones. El aviso principal afirmaba que cada concesión de la Balanza procedía de una transferencia: lo que alguien recibía debía salir de alguna otra parte.
—Antes de pedir nada, quiero saber de dónde —dijo Sira.
Podían subir juntos hasta el instrumento y leer allí las condiciones completas o repartirse la lectura de los nichos y reunirse después en la cima. Esta vez dejaron acordado quién haría cada cosa.
¿Qué camino eliges?
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