Una orden para tres
Darien defendió que el plano le daba derecho a dirigir. Ivar respondió que había conseguido la embarcación para llegar a la torre. Sira reclamó autoridad sobre cualquier presencia espectral.
El guardián avanzó un paso. Su lanza de luz ocupó la entrada de la escalera, sin cerrar la salida al puerto.
—La escalera admite una instrucción acordada —leyó Darien en el pedestal.
Los tres intentaron hablar a la vez. La lanza descendió otro palmo y los obligó a retroceder. Ivar empezó a culpar al arquitecto de haber elegido aquel acceso.
Podían seguir discutiendo quién mandaba o acordar un procedimiento: Sira contendría la lanza, Darien liberaría el mecanismo de cierre e Ivar sujetaría la puerta. No necesitaban resolver su rivalidad para repartirse esa tarea.
¿Qué camino eliges?
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