La música de la lluvia
Desde la pasarela, Vera y Leo escucharon tres ritmos: «tic» sobre una hoja ancha, «toc» en la barandilla y «plof» dentro de un charco. Intentaron repetirlos con palmas, pero la lluvia cambió antes de que terminaran.
—No manda una directora —rió Leo—. Cada gota cae donde puede.
Junto al pabellón había un pluviómetro transparente. Alba les mostró cómo colocarlo en un lugar despejado y leer la altura del agua sin beberla ni tocarla. También podían grabar los sonidos desde la cubierta, lejos del cauce crecido.
Vera miró la regla del recipiente y luego cerró los ojos para oír el tejado. ¿Qué sería más divertido compartir en la feria?
¿Qué camino eliges?
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