El mural que cambió
Con pintura lavable, Vera y Leo estamparon seis hojas caídas sobre una tela reutilizada. No intentaron que todas quedaran perfectas: una dejó solo los nervios; otra dibujó una mancha ancha; la más pequeña parecía una estrella.
En la feria invitaron a cada visitante a ordenar las estampaciones como creyera que avanzaba el otoño. Nadie hizo la misma fila. Unos miraron el color; otros, el tamaño o los bordes.
Alba explicó que los árboles no siguen un calendario idéntico. Vera escribió al pie del mural: «Cambiar también puede hacerse poco a poco».
Antes de marcharse, llevaron las hojas usadas al lugar donde las habían recogido. La tela quedó en el aula del parque y siguió cambiando: cada semana añadieron una nueva estampación. Al terminar la tarde, Vera comprendió que habían creado un mural que nunca estaría terminado hasta que cayera la última hoja.
Este cuento tiene 8 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir la hoja amarilla hacia la ribera
- Investigar los colores de las hojas caídas
- Crear un mural con estampaciones de hojas
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