El tarro de las rayitas
Vera y Leo colocaron el pluviómetro lejos de árboles y tejados. Cada media hora, siempre acompañados por Alba, marcaron el nivel en una tarjeta. La primera raya fue pequeña; la segunda subió deprisa; la tercera apenas cambió.
En la feria construyeron un gráfico con bloques azules. Leo descubrió que el chaparrón más ruidoso no había sido el que dejó más agua: el tejado amplificaba cada gota.
—Escuchar nos da una pista —explicó—, pero medir responde otra pregunta.
Al final vaciaron el agua al pie de las plantas del jardín de lluvia. Alba guardó la tarjeta para compararla con la siguiente tormenta. Vera salió del parque saltando alrededor de los charcos, sin pisar el cauce ni necesitar que dejara de llover. Aquel otoño tendría muchos días distintos, y ya sabía cómo leer uno de ellos.
Este cuento tiene 8 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir la hoja amarilla hacia la ribera
- Explorar los sonidos y las medidas de la lluvia
- Medir la lluvia y preparar un gráfico sencillo
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