La maleta sin asas
Alba les dio retales de lana, algodón liso y tela impermeable. Vera rozó cada uno con frutos de ganchitos que ya estaban en el suelo. Se agarraron a la lana, resbalaron sobre el impermeable y quedaron a medias en el algodón.
Leo dibujó un perro de pelo largo y otro de pelo corto para explicar por qué un mismo fruto podía viajar distancias distintas. Añadió una nota: «Revisar el pelo y soltar las semillas en el lugar donde se recogieron».
Durante la feria, los visitantes probaron el panel con réplicas de fieltro. Las semillas reales permanecieron en una caja transparente y nadie se las llevó a casa.
Pico apareció junto al sendero cuando Vera devolvió los frutos al suelo. El petirrojo no llevaba ganchos en sus plumas, pero había ayudado a recordar que cada animal se relacionaba con las plantas de una forma. La mesa recibió un nombre elegido por Leo: «La maleta sin asas». El bosque tenía viajeros que no compraban billete.
Este cuento tiene 8 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Subir por el camino que huele a manzana
- Seguir el viaje de las semillas
- Preparar el panel de ganchos viajeros
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