La olla de olor dulce
Alba lavó las manzanas aprovechables y manejó el cuchillo. Vera midió el agua; Leo añadió canela con una cucharita. La compota burbujeó despacio mientras el pabellón se llenaba de un olor dulce y cálido.
Guardaron una muestra de cada paso: una fotografía de las manzanas caídas, la cesta de fruta lavada y un dibujo de la olla. Así nadie pensaría que la compota aparecía por arte de magia.
En la degustación, Alba preguntó por alergias y sirvió porciones pequeñas. También había una versión sin canela. Vera explicó que solo habían cocinado fruta revisada por una persona adulta.
La olla quedó vacía antes de terminar la feria. Las pieles y los corazones fueron al compost, y el agua de lavar regó el huerto. Leo limpió la última cuchara. Habían convertido la caída de unas manzanas en una merienda compartida sin desperdiciar lo que aún estaba bueno.
Este cuento tiene 8 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Subir por el camino que huele a manzana
- Averiguar qué hacer con las manzanas caídas
- Cocinar compota con ayuda de Alba
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