Las manzanas del viento
Los niños separaron las manzanas caídas sin probar ninguna. En una cesta pusieron las enteras; en otra, las que tenían un golpe reciente; y dejaron aparte las que estaban demasiado pasadas.
Alba revisó la cosecha. Explicó que una persona adulta debía lavar y cortar la fruta antes de cocinarla. Las manzanas estropeadas podían ir al compost del huerto, donde acabarían convirtiéndose en alimento para la tierra.
—Podemos aprovecharlas sin fingir que todas sirven para lo mismo —dijo Vera.
La cocina de la feria ofrecía dos posibilidades: preparar una compota suave con las piezas sanas o construir una rueda que mostrara el viaje de la piel y los corazones hasta el compost.
¿Qué camino eliges?
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