La última luz de la moneda
El cuaderno de las batallas brillantes
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La última luz de la moneda

Elden colocó la moneda solar en una pequeña bolsa y se la entregó a Skye.

—Ponla contra la pared de la torre que mira hacia aquí. Yo pronunciaré el conjuro desde este lado.

Skye subió por el talud hasta alcanzar un tejado bajo. Desde allí trepó a la torre por una escalera de mantenimiento. Los soldados de luz desfilaban abajo, demasiado lejos para cerrarle el paso.

Dentro encontró a los tres centinelas. Uno estaba sentado, con un tobillo vendado. Los otros dos habían intentado abrir la puerta sin conseguirlo.

—No vamos a usar esa puerta —les dijo Skye.

Apoyó la moneda sobre la pared exterior y asomó el brazo por la ventana. Elden vio la señal y empezó el conjuro. Una línea dorada dibujó un arco en la piedra. Al otro lado apareció la hierba de la colina, con Toran esperando.

La moneda comenzó a oscurecerse por los bordes.

—¡Se está gastando! —avisó Skye.

Toran cruzó a la torre y se agachó junto al centinela herido. Le pasó un brazo por los hombros. Skye lo sostuvo por el otro lado y, entre ambos, lo ayudaron a atravesar el arco. Los otros dos centinelas los siguieron.

Elden mantuvo la salida abierta hasta que Skye dio el último paso. La moneda se convirtió en un pellizco de ceniza y la pared volvió a ser de piedra.

Los seis estaban en la colina. Toran repartió agua y Elden revisó el vendaje del centinela. Detrás de ellos, las puertas de la fortaleza se cerraron al llegar la noche.

—Mañana vendrán a reparar el mecanismo —dijo uno de los rescatados—. Hoy nadie se queda dentro.

Skye miró la ceniza en su palma y la dejó caer. Luego guardó la bolsa vacía. Habían gastado una pieza irrepetible de magia; a su lado, tres personas respiraban el aire fresco de la tarde.

¡Fin!

Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Usar la moneda solar para abrir una salida desde la torre
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