La memoria de la barquera
La nutria se llamaba Ema. Escuchó la descripción del poste y sonrió antes de que terminaran. —El ojo de la tarde. Mi padre lo usaba para reconocer la curva cuando llevaba carga.
Sacó una fotografía de una barca frente a la gruta. En la pared se veía un disco de latón. Era un espejo que devolvía la luz del sol hacia los postes marcados con conchas. Por eso el destello aparecía siempre a la misma hora.
Ema los acompañó hasta la orilla y les mostró el reflejo desde el lugar de la foto. Nimbo comparó los detalles: el soporte, la roca, la dirección de la luz. Todo encajaba.
Al día siguiente, la nutria contó la historia en la plaza. Taro sostuvo la fotografía para que la vieran quienes estaban al fondo. Los vecinos cancelaron la excavación y ofrecieron ayudar a limpiar el viejo embarcadero, con Ema indicando qué debía conservarse.
Lira volvió al río al anochecer. Los polluelos dormían entre los juncos. En la plaza todavía quedaban vecinos escuchando a Ema contar otros viajes. Habían ido a buscar una luz y habían encontrado también a alguien que llevaba mucho tiempo sin tener público.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Examinar el poste marcado con una concha
- Preguntar a la antigua barquera por la inscripción
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