Una Promesa de Silencio en el Santuario
Cuentos de Amor 9-12 años

Una Promesa de Silencio en el Santuario

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El santuario permanece en silencio después de que el Conejo alegre guarda la campana en su repisa silenciosa. Gato sabio se acerca con la calma de quien ha visto tormentas y aún así respira despacio. La Pared Susurrante parece respirar también, como si escuchara deseos antes de responder.

— Estoy contento de haber decidido guardar la campana, Gato —dice Conejo alegre, con voz clara y confiada—. Así no interrumpimos, y podemos entender mejor lo que el santuario nos quiere enseñar.

El Gato sabio asiente, mirándolo con ojos tranquilos. — A veces escuchar primero es más valiente que actuar de inmediato. Si dejamos que el silencio nos guíe, encontraremos la forma de avanzar sin miedo.

En ese momento, Lira la tortuga aparece de entre las sombras, con su paso suave y pausado. — El santuario no se llena de ruido cuando hay prisas, sino de paciencia —dice, y su voz baja parece un puente de calma—. Si esperan y observan, habrá una pista clara cuando llegue el momento de decidir.

Con la campana guardada, el ambiente cambia. Los objetos dejan de vibrar como si esperaran a que alguien se apresurara, y aparece una puerta pequeña detrás del altar, apenas perceptible. Gato sabio toma aire y piensa en voz alta: — Si seguimos este ritmo, quizá la puerta se abra sin que tengamos que forzarla.

— Vamos a observar las huellas en el polvo, a escuchar los ecos de la sala, y a pensar antes de actuar —repite Conejo alegre, con una sonrisa que ilumina el rincón—. Así podremos salir del santuario con una promesa cumplida: aprender antes de decidir.

Salieron juntos, sin prisa, sabiendo que cada paso debe nacer de la paciencia. Al fin, el santuario queda en calma; el camino continúa, pero ahora su ritmo es claro: escuchar para entender, y entender para avanzar.