La pradera de las estrellas y la noche demasiado clara
La pradera de las estrellas y la noche demasiado clara
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La pradera de las estrellas y la noche demasiado clara

La Pradera de las Estrellas no se llamaba así por el cielo. Cada noche, unas flores pequeñas abrían sus pétalos y dejaban ver un punto de luz azul. Desde la colina parecían una constelación tendida sobre la hierba.

Aquella tarde, Astra llegó para enseñar el espectáculo a sus amigas. Era una niña que conocía los nombres de muchas estrellas y llevaba un libro de cielos y plantas nocturnas. Mira, una mariposa de alas azules, voló sobre los tallos. Liria, una hembra de cisne, se acomodó en la orilla del estanque.

Esperaron a que anocheciera. No se abrió ninguna flor.

Al otro lado del sendero, los nuevos focos de la fiesta iluminaban la pradera como si aún fuera de día. Mira encontró una flor abierta bajo una hoja de bardana. Era la única que brillaba.

—Algo cambia ahí debajo —dijo. Podían observar aquella flor y comparar su lugar con el resto, o consultar el libro de Astra. En el pueblo estaban a punto de inaugurar las luces. Las tres querían entender qué había ocurrido antes de pedir que cambiaran nada.

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¿Qué camino eliges?

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