La sala central y la señal del tiempo

La sala central y la señal del tiempo

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En la sala central, dos relojes enormes laten al ritmo de la respiración del templo. Sobre la mesa, un cuenco de arena marcadora y una esfera de tiempo lanzan destellos pequeños que parecen luciérnagas. Sera observa con paciencia; Lía susurra como un susurro de agua y hojas; Rayo espera, con las pezuñas inquietas, a que alguien diga qué hacer.

—¿Qué están diciendo los relojes? —pregunta Sera, sin mover la mirada de las agujas brillantes.

—El cuenco de arena marca el tiempo, y la esfera de tiempo quiere saber cuándo llegaremos a la verdad —responde Lía, suave y clara, como el agua de la fuente cercana.

—Debemos avanzar con cuidado y escuchar cada zumbido del templo —agrega Rayo, levantando una ala para mantenerse quieto y atento.

Lía se inclina sobre el cuenco y observa las sombras que la arena dibuja en la mesa. Sera mantiene la calma; Rayo se prepara para cualquier señal.

—Si la sala pregunta, debemos responder con una acción —dice Sera, y su voz traspasa el silencio—. ¿Qué haremos primero?

¿Qué camino eliges?