El precio de la urgencia
Mara regresó al almacén, sacó el sello negro y lo llevó a Umbra. El gigante lo encajó en su pecho. Su sombra descendió por la montaña hasta cubrir la plaza.
Abrió la compuerta. Aquella tarde hubo agua para beber, lavar y regar. Mara informó a la asamblea de las condiciones aceptadas. Varias familias, al oír que el tributo no tenía límite, protestaron: la urgencia había servido para comprometer mucho más que el suministro.
El primer mes Umbra pidió grano; el segundo, madera y herramientas. Cuando la asamblea reclamó una cantidad fija, cerró el canal durante un día. Ardor intentó acercarse, pero la sombra reforzada por el sello lo obligó a retroceder.
Con el tiempo, algunas familias se marcharon. Las que quedaron construyeron depósitos de lluvia para depender menos del gigante, aunque no bastaban todavía para alimentar los huertos.
Mara entregó las llaves del almacén y presentó el registro completo del trato. Había resuelto la escasez inmediata y entregado a cambio el control del agua. Al dejar su puesto, siguió trabajando en los depósitos; no pidió que aquel esfuerzo borrara la decisión que los había hecho necesarios.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Escuchar las condiciones de Umbra
- Entregar el sello a cambio del agua
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