Las condiciones del gigante
Mara llegó sola a la compuerta, mientras dos vecinos esperaban a la vista en el camino. Umbra le enseñó la llave de hierro. Bastó media vuelta para que un hilo de agua entrara en el canal.
—Devuélveme el sello negro del almacén —exigió—. Con él recuperaré mi dominio sobre toda la montaña. Tendréis agua cada día si enviáis un tributo y nadie sube aquí sin permiso.
Mara conocía el sello: los antiguos habitantes lo habían separado de Umbra para limitar su alcance. Devolverlo le permitiría extender su sombra hasta las casas.
—¿Quién decidirá cuánto debemos entregar? ¿Y cuándo termina el acuerdo?
—Yo. Y cuando yo lo diga.
Al bajar la mirada, Mara vio un conducto de desagüe bajo la plataforma. Recordaba ese paso en el plano del almacén: un antiguo canal de limpieza que desembocaba más abajo. Tal vez pudieran reabrirlo sin tocar la compuerta.
Podía aceptar el trato para recuperar el suministro inmediatamente o rechazarlo y organizar el desvío antes de que se agotara la cisterna.
¿Qué camino eliges?
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