El canal que el gigante no controlaba
—No te entregaré el sello —dijo Mara. Umbra cerró el hilo de agua que había dejado correr. Ella volvió al pueblo y extendió el plano del conducto de limpieza sobre la mesa del almacén.
El desagüe salía del estanque antes de la compuerta del gigante. Su boca inferior estaba cegada con piedras y tenía una reja atascada. Si la despejaban desde abajo, podrían llevar parte del manantial por una acequia hasta la cisterna.
La asamblea aprobó el trabajo. Ardor iluminó el túnel desde la entrada, con las llamas bajas, mientras los vecinos retiraban piedras. Mara y una carpintera prepararon una palanca para levantar la reja.
Al segundo día, el agua corrió por la acequia. El caudal era menor que el del canal principal; acordaron turnos de riego y dejaron de plantar la parcela que más consumía.
Umbra continuó junto a su compuerta. Su amenaza había perdido fuerza: cerrarla ya no dejaba al pueblo sin agua. El sello siguió en el almacén, bajo custodia compartida.
Mara abrió el primer turno de riego al amanecer. No habían expulsado al gigante ni recuperado todas sus comodidades. Habían construido una salida que no dependía de su permiso.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Escuchar las condiciones de Umbra
- Rechazar el trato y abrir el antiguo desagüe
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