Los registros de las donaciones
Los armarios de la galería se abrieron al reconocer a la guardiana. Inés sacó la ficha de Elena. Donación voluntaria, decía. Debajo había un espacio para la firma. Estaba vacío. Lo mismo ocurría en todas las fichas recientes.
Varo leyó el informe de una descarga antigua. Los afectados habían recuperado sus sombras en una sola noche, con pesadillas y ataques de pánico. Nadie murió, pero algunos necesitaron meses de compañía y cuidados. El jardín actual era mayor.
Otro cuaderno describía devoluciones individuales. La palanca de aislamiento del mausoleo impedía nuevas capturas mientras un cuidador abría cada frasco y avisaba a su destinatario. Había funcionado durante una semana, hasta que el maestro decidió que mantener la colección era más importante.
—Esto lo interrumpiste tú —dijo Inés. Él no tuvo respuesta. Corvus picoteó el borde de una ficha vacía.
Podían destruir el jardín con una descarga y acudir después a quienes la sufrieran. O reanudar el procedimiento lento, esta vez con las víctimas informadas y el maestro apartado de las decisiones.
¿Qué camino eliges?
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