Una plaza que sabe trabajar
La ciudad flotante
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Una plaza que sabe trabajar

Anselmo llamó a la cuadrilla del mercado. Dos personas manejaron el cabrestante mientras Bastian sujetaba las guías de la tapa. Lyra iluminó el borde para que nadie confundiera los cierres.

Al levantarla vieron una bandera roja extendida dentro del conducto. Había entrado por la toma y el viento la mantenía pegada a una curva.

Cerraron la entrada de aire. Bastian retiró la tela con las herramientas del armario, mientras los demás mantenían la tapa inmóvil.

Después bajaron la cubierta, apretaron sus cierres y volvieron a abrir la corriente. Anselmo vigilaba el indicador: la aguja subió hasta la franja verde.

El barrio oeste recuperó su altura. La cuadrilla fue a reparar la rejilla de la torre para que no pudiera entrar otra tela.

Solo cuando comprobaron ambas cosas, Bastian abrió el puente. Los vecinos regresaron al mercado, recogiendo los objetos que habían rodado por el suelo.

Anselmo dejó escrito quién sabía manejar el cabrestante y dónde estaban las herramientas. A la hora de cenar, el agua de la fuente seguía horizontal.

Lyra se sentó en su borde. La ciudad volvía a estar tranquila porque sus habitantes habían encontrado el atasco y lo habían quitado, entre manos que sabían qué hacer.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Examinar con Bastian los accesos de mantenimiento
  2. Abrir la tapa de la plaza con ayuda de la cuadrilla
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