El Reino de la eternidad
Cuentos de Fantasía 13-18 años

El Reino de la eternidad

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El pasillo del reino detenido en el tiempo es una cuerda fija que no vibra. De pronto, las botas de la Exploradora dimensional golpean el suelo, y el aire se llena de ese silencio que parece esperar. Detrás van el Dragón ancestral, con escamas que brillan con una luz fría, y el Ser del caos, que se desplaza entre sombras como si las probabilidades fueran hojas al viento.

—¿Lo sientes? —pregunta la Exploradora, ajustando su arnés y mirando a su alrededor—. Aquí todo está quieto, incluso el reloj de la torre. Debe haber alguien que mantenía la eternidad.

El Dragón ancestral asiente con la cabeza, sus ojos antiguos atravesando la pared de piedra. —La eternidad no es un regalo: es un pacto que alguien aceptó a cambio de silencio. Nosotros no llegamos por casualidad; venimos a buscar al que sostiene ese pacto—dice, con una voz grave que parece rodar en las cavernas.

El Ser del caos, que parece cambiar de forma cada vez que alguien lo mira, emite un susurro que suena como varias probabilidades al mismo tiempo. —Si lo que buscan es romper la pausa del reino, deben entender el precio. Todo cambio trae pérdidas. No hay milagros sin costo—advierte, dejando que una posibilidad se deslice entre ellos como una mano invisible.

La Exploradora toma su cuaderno de mapas y dibuja una línea que parece más una grieta que un sendero. —Si hay una persona que sostiene esta eternidad, debe haber un lugar donde el tiempo se alimenta de recuerdos. Necesito encontrar ese lugar y preguntar cara a cara qué se perdió para llegar aquí.

El Dragón ancestral inclina la cabeza, examinando los contornos de la ciudad detenida. —El equilibrio del Reino de la eternidad se sostiene con tres piezas: un recuerdo, una promesa y un ritmo. Si una falta, todo se queda quieto. Nosotros debemos identificar cuál falta y por qué.

—Entonces buscamos esos tres elementos. Y si hay alguien dispuesto a romper el pacto, tendremos que decidir qué hacer con él—dice la Exploradora, alta y clara. —Pero primero debemos entender qué ocurrió para que el tiempo se quedara inmóvil y quién gana cuando nadie se mueve.

El Ser del caos se detiene en una esquina y, por un momento, su forma parece una pregunta. —La decisión que tomen no será sólo personal. Afectará a este reino y a los mundos que dependen de él. ¿Qué están dispuestos a pagar para saber la verdad?

Se quedan en silencio, cada uno evaluando las opciones que están por venir. En las paredes, grabados de una historia que nadie quiere recordar parpadean como si pidieran ayuda. ¿Qué hacer ahora para descubrir quién mantiene la eternidad y a qué precio podría romperse?

—¿Qué haremos? —pregunta, finalmente, la Exploradora, y mira a sus compañeros esperando su respuesta.

¿Qué camino eliges?