El plan audaz de la ciudad

El plan audaz de la ciudad

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La plaza estaba llena de murmullo cuando Bastian se adelantó, levantando la mirada hacia las casas y los puestos. Su armadura brillaba bajo la luz, y su voz sonó clara y segura al proponer una idea para mantener la ciudad a salvo.

Lyra apareció detrás de una fuente con su cabello plateado y sus alas translúcidas. Habló con paciencia y una calma que daba confianza a todos.

Anselmo, que venía caminando despacio entre las sombras de los árboles, asintió con serenidad y añadió con tono suave: —Si coordinamos a cada barrio, la ciudad estará más protegida y todos sabrán qué hacer cuando haya peligro.

—Debemos organizar a la ciudad para mantenerla a salvo —declaró Bastian, y su voz firme dejó en claro que no era un juego—. Buscaremos asignar tareas para asegurar puentes, tiendas y archivos. Cada grupo tiene una función y un horario. ¿Quién quiere coordinar cada área?

Lyra alzó su varita y explicó con claridad: —Yo me encargaré de comunicar las decisiones a los niños y a los lectores, para que entiendan las reglas y sigan las instrucciones. Aseguraré que todos tengan lo necesario para colaborar.

Anselmo añadió un plan práctico: —Nosotros, juntos, podemos crear un calendario sencillo y repartir responsabilidades por barrios, de modo que nadie trabaje solo.

La gente miró a las tres figuras y asintió. En el murmullo del mercado, alguien preguntó: —¿Cómo empezamos?

¿Qué camino eliges?