La moneda dorada y la salida de la fortaleza

La moneda dorada y la salida de la fortaleza

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La moneda dorada brilló con un calor suave cuando Arden, Zafir y Luz se acercaron al pasillo invisible. El guardián del rumor, esa voz que nadie veía, había dejado claro que la moneda abriría una salida segura desde la Colina de la fortaleza. Arden la sostuvo con la garra firme, Zafir lanzó una mirada astuta a su alrededor y Luz dejó caer un destello que hizo vibrar el aire.

—Con esto podremos entrar al pasaje y salir sin hacer ruido. ¿Estás listo? —dijo Arden, manteniendo la voz segura como un capitán de una nave.

—Listo. Si nos apuramos, alcanzamos la ciudad antes de que vuelva la oscuridad. Yo voy adelante para guiar a Luz y vigilar los posibles obstáculos. —dijo Zafir.

—Mi luz te muestra el camino y mantiene la calma. Sigan mis destellos, llegaremos a la salida segura. —dijo Luz, guiando su fulgor hacia la ruta segura.

La moneda giró en la palma de Arden y un hilo de luz apareció ante ellos, como una puerta que no estaba. El pasaje invisible se abría con un susurro, mostrándoles una ruta que desparecía y volvía a aparecer con cada paso que daban. Carteles de sombras se desvanecían, y el ruido de la ciudad crecía en el fondo. Arden entró primero, seguido por Zafir y, detrás, Luz, cuyo fulgor marcaba cada huida posible.

Salieron a la libertad por la ladera de la fortaleza. Abajo, la ciudad se llenó de voces de alegría y el sonido de campanas. Los habitantes aplaudían, agradecidos, al ver a sus héroes regresar a salvo. Arden alzó la cabeza, Zafir dejó escapar un suspiro expedito y Luz parpadeó con satisfacción, sabiendo que su luz había guiado a todos a un final claro y seguro.

En esa noche, aprendieron que el valor comparte el camino: la inteligencia, la valentía y la bondad brillan más cuando se ayudan entre sí.