La moneda que no era un tesoro
La moneda ocupaba el centro de una mesa de piedra. Era grande como un plato y estaba sujeta por una cadena. En una cara tenía un sol; en la otra, una gota. Zafir leyó la inscripción: «Para consultar las aguas, presenta la lluvia».
Luz se acercó a una ranura del muro. Tenía el mismo tamaño que la moneda. Arden la levantó sin soltar la cadena y comprobó que podía orientarla con la gota hacia arriba. No era dinero ni un premio: era la pieza de un mecanismo.
Al lado había una puerta de servicio marcada en el plano. Conducía a la biblioteca, donde un mostrador comunicaba con la sala de mapas. Una nota del museo explicaba que también se podía acceder por allí cuando el mecanismo necesitaba mantenimiento.
Podían usar la moneda para abrir la puerta principal o seguir por la biblioteca sin moverla. Zafir sacó su cuaderno de copiar. Luz comprobó que le quedaba brillo para leer letras pequeñas. Arden esperaba con la moneda apoyada todavía sobre la mesa.
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