La sala oculta y la moneda dorada

La sala oculta y la moneda dorada

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La sala oculta se abre ante ellos con un susurro de piedras. Arden, Zafir y Luz entran con cautela, curvando la espalda para no golpear las-piedras. En el centro brilla una moneda dorada sobre un pedestal junto a un pergamino gastado. El aire huele a metal caliente y a silencio.

— Arden, con voz firme — dijo adentro de su pecho— aquí hay algo que nos pertenece a todos. Si la tomamos, quizá podamos abrir el pasaje que nos falta.

La moneda es grande y redonda, y parece capturar la luz de la sala. Luz se posó cerca de ella y dejó un hilo de luz verde que danzaba sobre la superficie, como una pequeña linterna que nadie apagó.

— Zafir, inclinando la cabeza para mirar el pergamino — habló con su voz ágil — si la usamos, podría aparecer una ruta distinta, tal vez más difícil o más rápida, pero creemos que lo correcto es entender primero este mensaje.

El pergamino dice, con letras cuidadosas: “Quien porta la verdad no debe buscar atajos, sino la claridad del camino.” Arden alzó la moneda y la dejó caer suave sobre la palma de su garra, sintiendo el peso de la responsabilidad.

— Luz, que su luz es suave y clara — dijo la luciérnaga — si la moneda nos abre un pasaje, podríamos perder tiempo para construir una ruta segura. Si escogemos otro camino, podríamos equivocarnos. Debemos decidir juntos.

La sala parece respirar con ellos. La moneda brilla más intensamente, como si esperara una decisión. ¿Qué pasará si la moneda se usa para abrir el pasaje, o si buscan otra forma de avanzar?

La pregunta cuelga en el aire, y cada uno espera la decisión de los otros.

¿Qué camino eliges?