Tres conchas y un ensayo
Coral mostró las conchas que guardaba junto a la poza. La grande hacía toc, la mediana hacía tac y la pequeña apenas hacía tic. Teo las golpeó suavemente con un palito. ¡Toc, tac, tic!
—Eso puedo seguirlo —dijo la sirena. Iris marcó el ritmo con las manos y Nilo probó a soplar sobre la boca de su tetera. Salió un silbido tan torcido que los cuatro se echaron a reír.
Ensayaron una vez. Coral explicó dónde debían esperar y cuándo entrar con el ritmo. El genio dejó de soplar: prefería llevar el compás con una cucharita.
Podían dar un concierto juntos, fuera de la cueva. O guardar las conchas y reunirse en el banco de la playa para escuchar a Coral tranquilamente. Las dos ideas le gustaban. Lo que ya no quería era seguir cantando para una pared.
¿Qué camino eliges?
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