La fiesta que dejó sitio a la noche
La pradera de las estrellas y la noche demasiado clara
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La fiesta que dejó sitio a la noche

Astra llevó el libro a la encargada de la fiesta. Mira le mostró la flor abierta bajo la hoja y Liria la acompañó al estanque para que viera hasta dónde llegaba el resplandor de los focos.

Los organizadores aceptaron hacer una prueba. Orientaron las luces hacia las mesas y colocaron viseras en las que daban a la hierba. Las lámparas bajas siguieron iluminando el sendero.

No ocurrió todo de golpe. Hubo que esperar. Un vecino iba a declarar que no había servido de nada cuando Mira señaló el primer punto azul. Después apareció otro, y otro más.

Las polillas volvieron entre las flores. La fiesta continuó en la plaza, y quienes querían mirar la pradera dejaban allí sus linternas para no deslumbrar a los demás.

Al terminar, Astra añadió una nota al programa del año siguiente: revisar hacia dónde apuntaban los focos antes de instalarlos. Liria se recogió junto al estanque. Mira se quedó un rato más sobre una flor abierta, iluminada desde abajo como una artista en un escenario diminuto.

¡Fin!

Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Consultar el libro de Astra
  2. Pedir que ajusten los focos de toda la pradera
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