Un nido en la galería
La montaña mágica y el ascensor dormido
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Un nido en la galería

La galería conducía a una ventana protegida por barrotes. Al otro lado, el contrapeso del ascensor estaba apoyado sobre su tope de seguridad. En una guía se había acumulado una maraña de ramitas.

Nova distinguió dos ojos entre ellas. Era un lirón que había elegido un lugar pésimo para dormir. Irene dibujó el atasco y llamó a la maestra mecánica con el comunicador del taller. No intentaron entrar en el mecanismo.

La mecánica llegó con una caja nido y confirmó que el sistema seguía desconectado. Entre las tres trasladaron al lirón, todavía adormilado, a una repisa tranquila del exterior. Después la mujer retiró las ramas y colocó una rejilla para que ningún animal volviera a meterse en la guía.

Comprobó los frenos, liberó el bloqueo e hizo varias pruebas con la cabina vacía. Cuando autorizó el primer viaje, Irene y Nova subieron con una vecina y dos sacos de harina.

Arriba las recibió el olor de la panadería. La vecina les regaló tres bollos: uno para cada ayudante y otro para la mecánica. Para el lirón dejaron unas semillas junto a su nueva casa, lejos de cualquier rueda.

¡Fin!

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Tu camino

  1. Inspeccionar el contrapeso desde la galería
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