La rueda que no encajaba
La montaña mágica y el ascensor dormido
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La rueda que no encajaba

La llave de bronce abrió la puerta del motor. Irene apoyó la linterna en un soporte y encontró dos ruedas dentadas que no llegaban a tocarse. Una había resbalado por su eje. Debajo, el dibujo de mantenimiento mostraba la posición correcta.

Nova señaló una grieta en la abrazadera que sujetaba la rueda. —Si la empujamos sin arreglar eso, volverá a moverse.

En el armario había una abrazadera de repuesto, con la misma marca del plano. Irene comprobó que los dientes de las ruedas estaban enteros. Podían sustituir la pieza y alinear el conjunto siguiendo la ficha que había dejado la mecánica, para que ella lo revisara después.

También podían llevarle el dibujo de la grieta y pedir que hiciera la reparación. Irene había cambiado piezas parecidas en su banco de trabajo; nunca en un ascensor. Lo dijo en voz alta. Nova no se burló ni le pidió que demostrara nada. Puso la llave entre las dos y esperó.

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¿Qué camino eliges?

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