Un amanecer hecho a mano
Iris se colocó frente a la ventana oriental del disco. Aitana giró el espejo y Teo observó el punto luminoso sobre la escala.
—Un poco a la izquierda. Ahora, más arriba.
La luz tocó la marca del amanecer. El indicador se encendió, pero el cierre no se movió.
Teo volvió a leer la lámina.
—Hay que mantenerla ahí hasta que termine de bajar esta aguja.
Aitana sujetó la manivela para que el espejo no girara. Iris mantuvo el brillo de sus alas y esperaron. Cuando la aguja llegó al final, se oyó el golpe del cierre al liberarse.
La cúpula se abrió sobre el telescopio. Afuera el sol todavía no había aparecido.
Recibieron a los niños y organizaron los turnos. El cometa se veía pequeño y nítido en el cielo oscuro. Teo dejó papel para que quien quisiera pudiera dibujarlo después de mirar.
Aitana hizo la última observación justo antes de que la claridad borrara su cola. Al bajar del asiento encontró a Iris descansando en el alféizar.
—Has traído un amanecer antes de tiempo —le dijo.
—Solo al aparato —respondió el hada—. El de verdad ya llega solo.
El primer rayo entró en la sala, donde aún seguían extendidos los dibujos de todos los visitantes.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Examinar el disco solar con Iris
- Dirigir la luz de Iris hacia el disco
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