Lo que no podía devolverse
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Ruinas del Abismo: la ciudad que tenía un precio
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Lo que no podía devolverse

Alaric dejó el sello sobre el pedestal. Seraphine no le dio la mano. Primero desconectaron el Telar y publicaron los registros completos, incluidos los informes que los comprometían a ambos.

Los representantes de los mundos afectados llegaron durante las semanas siguientes. Algunos querían recuperar materiales; otros pidieron herramientas, viviendas o caminos para reunirse con sus familias. No todos aceptaron entrar en las ruinas. Seraphine tuvo que escuchar declaraciones desde el otro lado de una puerta.

El material sin utilizar pudo regresar a sus lugares de origen. Los edificios ya habitados no se trasladaron por una nueva orden imperial: cada caso se negoció con quienes perderían su casa en cualquiera de los dos extremos.

Alaric cedió el control del fondo de reconstrucción y compareció ante la asamblea. Seraphine entregó los planos, conservando solo los necesarios para desmantelar el mecanismo sin nuevas transferencias. Ninguno recibió un perdón general al terminar el trabajo.

La capital conoció su primera temporada de lluvia sin correcciones mágicas. Hubo goteras. Una cuadrilla las reparó con materiales comprados y transportados desde su lugar de origen. Alaric vio los andamios desde una ventana y preguntó cuánto tardarían. El encargado le dio una fecha aproximada. Por primera vez, no pudo convertir su impaciencia en una orden al mundo.

¡Fin!

Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Disputar el sello de mando del Telar
  2. Publicar los registros y renunciar al control del Telar
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