El forcejeo del Telar
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Ruinas del Abismo: la ciudad que tenía un precio
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El forcejeo del Telar

Alaric extendió la mano hacia el sello de mando. Seraphine desplazó el pedestal, y el suelo se plegó entre ambos como una hoja. Él respondió levantando una pared. La piedra llegó cubierta de sal; al otro lado de alguna costa acababa de desaparecer algo.

Los dos se quedaron mirando una marca en el mármol: la altura de un niño, anotada junto a una fecha. La pared que Alaric había creado había pertenecido a una casa.

Seraphine dejó de mover el terreno. —Hasta defender esta máquina exige que alguien pierda algo. No pienso seguir alimentándola para demostrarte que tengo razón.

El conquistador podía tomar el sello y reanudar las obras de su capital. Ella no convertiría otro mundo en un campo de batalla para impedírselo.

También podía apartar la mano y colaborar en el desmontaje. Seraphine conservaba los registros de las transferencias; podrían devolver lo que aún quedaba sin utilizar. El resto tendría que repararse de otras maneras, si los afectados aceptaban recibirlos.

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¿Qué camino eliges?

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