La mano dentro del aro
Fintan los condujo a la cámara. Alrededor del orbe había un aro de cobre y una inscripción: «Quien ordena esta obra la sostiene con su memoria. Para detenerla, diga: renuncio a esta obra».
El duende les mostró también una abrazadera que permitía interrumpir el mecanismo por la fuerza, rompiendo el orbe. Ninguna de las dos formas devolvía los recuerdos ya consumidos.
Alaric introdujo la mano antes de que terminaran de examinarlo. El aro se cerró y una hilera de piedras empezó a elevarse hacia el arco exterior. El rey sonrió, hasta que Elena le preguntó por el nombre del caballo con el que había aprendido a montar. No pudo recordarlo.
Elena quiso romper la abrazadera. Fintan podía ayudarla a detener la máquina enseguida o intentar que Alaric pronunciara la renuncia, antes de perder otro recuerdo. El orbe no le impedía hablar; lo que le costaba era abandonar la obra.
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