El registro de quienes lo usaron
En el refugio del claro, Fintan abrió el libro de los antiguos constructores. Junto a cada tramo de muralla había anotaciones sobre recuerdos perdidos: una canción, un nombre, el rostro de una hermana.
Elena leyó una página en voz alta. El palacio no había caído por falta de poder, sino después de que sus dueños gastaran años en ampliarlo y abandonaran los canales y los caminos que lo mantenían abastecido.
Alaric dejó su copia de la leyenda sobre la mesa. Todavía quería ver el orbe; decía que conocer sus riesgos no lo obligaba a renunciar a usarlo.
Podían regresar a la cámara, con Fintan dispuesto a mostrar el mecanismo sin activarlo, o quedarse a ordenar los registros y revisar con Elena qué obra necesitaba primero el reino. La decisión tendría que incluir algo más que una promesa de prudencia.
¿Qué camino eliges?
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