Una canción para compartir
El templo de la Felicidad y la canción que faltaba
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Una canción para compartir

Entraron por el pasillo iluminado. Ada colocó la llave en la caja roja y la giró con cuidado. Una pequeña rueda empezó a moverse y sonó una melodía lenta.

Silbo reconoció tres notas de una canción que su hermana solía tararear. Se le llenaron los ojos de lágrimas. Brumo acercó un pañuelo y dejó que la música terminara.

—Quiero que ella pueda oírla también —dijo Silbo.

El dragón les ofreció una copia de la partitura para llevársela. Ada sabía leer música y prometió ayudar a Silbo a aprenderla.

Devolvieron la llave y, en casa, escribieron una carta con la partitura dentro. Propusieron cantarla juntos durante la próxima visita.

El corazón de la caja no había borrado la tristeza. Había dado a Silbo una canción nueva que compartir con alguien a quien quería, aunque en aquel momento estuviera lejos.

¡Fin!

Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Visitar el jardín y buscar la llave
  2. Acompañar a Nilo por las linternas
  3. Seguir el camino hacia la gruta
  4. Entrar a escuchar la caja de música
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