El tiempo perdido
Las acusaciones continuaron hasta que Ivar empujó el pedestal. El guardián hizo vibrar su lanza contra el suelo. La descarga lanzó polvo sobre sus botas y apagó la lámpara.
Sira encendió de nuevo la mecha. Darien comprobó que la salida al puerto seguía abierta. El guardián defendía la escalera; no estaba reteniéndolos en la torre.
—No voy a seguir discutiendo delante de eso —dijo Sira.
Podían ejecutar el procedimiento conjunto que habían considerado: contener la lanza, liberar el cierre y sujetar la puerta. También podían abandonar la expedición mientras aún disponían de una salida clara.
Ivar recogió su mochila del suelo. Ninguno había llegado más cerca de su deseo por intentar imponerse a los otros.
¿Qué camino eliges?
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