Las pulseras de juncos
Mía devolvió la moneda a la fuente. Nácar les dio unos juncos que había recogido para sus cestas. Se sentaron junto al borde: Mía en la piedra, Nerea dentro del agua y Tico sujetando una punta con la boca.
Trenzaron dos pulseras. No quedaron iguales. Una tenía un nudo enorme porque Tico había estornudado una burbuja en mitad del trabajo.
Mía se quedó con esa. Nerea se puso la otra en la muñeca. Después fueron juntos hasta la compuerta para despedirse.
Durante el invierno los juncos se secaron y perdieron color. Mía guardó su pulsera en una cajita cuando empezó a deshacerse. El regalo no tenía que durar intacto para recordarle quién lo había hecho.
En primavera Nerea volvió con su pulsera también gastada. Las compararon y decidieron trenzar otras. Tico se ofreció a ayudar. Mía le pidió que avisara antes de estornudar.
Este cuento tiene 5 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Visitar la fuente de deseos junto a la cascada
- Consultar cómo usar la moneda para comunicarse
- Devolver la moneda y trenzar unas pulseras
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