Lo que puede pedir una moneda
Mía tomó la moneda y Nácar se acercó desde el agua. —La fuente puede hacer objetos pequeños —explicó—. No puede mandar sobre lo que siente otra persona ni detener su viaje.
La guardiana les habló de dos conchas que podían enviarse una frase al día. Había que mojarlas, decir el mensaje y esperar a que la otra persona escuchara el suyo. No servían para hablar sin parar.
Nerea miró a Mía. Le gustaría recibir sus noticias, aunque algunos días solo tuviera una frase corta que contar.
Podían pedir las dos conchas. También podían devolver la moneda y hacerse unas pulseras de juncos, como las que habían aprendido a trenzar durante el verano. Las dos cosas serían un regalo; ninguna obligaría a la otra a sonreír siempre.
¿Qué camino eliges?
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