La aldea despierta
El planeta alienígena y la luz que parpadeaba
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La aldea despierta

Bajaron por el sendero hasta la primera casa. La persona del farol era Nara, una anciana con un chal azul que revisaba las venas de cuarzo agachándose junto a cada una.

—Sois del globo —dijo, sin sorprenderse—. Llegáis en mala noche. La luz lleva tres días tropezando.

Nara les contó que toda la luz de Lumina salía del cristal de la cueva. Después señaló el sendero con el farol: en la tierra blanca había huellas con arena roja.

—Arena de Umbra, el planeta vecino —dijo—. Hace muchos años, Umbra también tenía un cristal.

Las huellas seguían hasta el prado, donde quien hubiera venido debía de estar todavía. Nara tenía otra idea: en la Casa de los Faroles guardaban un libro antiguo que explicaba cómo se guardaba la luz en linternas antes de que existieran las venas de cuarzo. Si el cristal seguía fallando, aquella noche harían falta linternas.

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¿Qué camino eliges?

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