El libro de las linternas
La Casa de los Faroles era un cobertizo con estantes hasta el techo. En cada estante había linternas de cristal, vacías y limpias. Nara sacó de un cajón un libro de tapas gruesas.
Lila leyó en voz alta. Una linterna de Lumina se acercaba a una ventana encendida, se decía el nombre de quien iba a usarla, y la luz entraba y se quedaba una estación entera. Después había que volver a llenarla.
En la última página, Estrella encontró una nota con letra antigua: «Cuando el cristal de Umbra se apagó, el nuestro le dio una esquirla. Tardó un año en crecer de nuevo».
Alguien llamó a la puerta del cobertizo. Era un viajero con un abrigo cubierto de polvo rojo y una linterna apagada. Se llamaba Vento y venía de Umbra: el cristal de su planeta se había apagado otra vez. Había querido pedir luz, pero al llegar todos dormían; cada noche entraba en la cueva, acercaba la linterna al cristal y la luz tropezaba. Al ver un farol encendido en la Casa de los Faroles, por fin se había atrevido a llamar.
Subieron a la cueva con el libro. Los esperaba Zico, un dragón del tamaño de un gato que cuidaba el cristal y llevaba tres noches sin dormir. Podían preparar las linternas como decía el libro o pedir al cristal una esquirla al amanecer, como la primera vez.
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