Una esquirla para Umbra
El planeta alienígena y la luz que parpadeaba
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Una esquirla para Umbra

Cuando el cielo empezó a clarear, Zico señaló una esquina del cristal que crecía hacia la entrada. Estrella pidió a todos que se apartaran dos pasos. Tilo levantó el farol. Lila contó hasta tres.

Zico apoyó una garra y la esquina se desprendió sola, como una uña. Era una esquirla del tamaño de la mano de Tilo, tibia, y brillaba por dentro. Vento la envolvió en un paño y la guardó en la linterna, que se encendió al instante.

El cristal siguió latiendo, un poco más bajo. Nara dijo que las noches de Lumina serían más suaves durante un año, hasta que la esquina volviera a crecer. En la aldea sabían esperar: ya lo habían hecho una vez.

El globo de semilla empezó a tirar de su cuerda. Vento prometió volver cuando el cristal de Umbra hubiera crecido, para traer una esquirla por si Lumina la necesitaba algún día. Zico bostezó y se enroscó al pie del cristal. Por fin podía dormir.

Desde el aire, Lila vio Lumina un poco menos brillante y sin un solo parpadeo. Guardó en el bolsillo un grano de arena roja. La próxima vez que llegara a un planeta desconocido, sabría a qué puerta llamar: a cualquiera.

¡Fin!

Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Subir a la cueva de la luz
  2. Apoyar la mano en el cristal
  3. Pedir al cristal una esquirla para Umbra
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