Lo que guardaba el cristal
El planeta alienígena y la luz que parpadeaba
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Lo que guardaba el cristal

Lila apoyó la palma en la parte tibia del cristal. La luz se recogió hacia su mano y, dentro, apareció una figura: un viajero con un abrigo cubierto de polvo rojo y una linterna apagada. Acercaba la linterna al cristal, la luz tropezaba, la linterna se encendía un segundo y volvía a apagarse. El viajero miraba alrededor, asustado, y se iba.

—No quiere romperlo —dijo Estrella—. Quiere encender su linterna.

Más al fondo del brillo apareció otra imagen, muy antigua: dos cristales, uno grande y otro pequeño, y una mano cortando una esquirla del grande para dársela al pequeño.

—Es lo que pasó con Umbra, el planeta vecino —explicó Zico—. El cristal puede dar una esquirla, pero solo al amanecer, y tarda un año en volver a crecer.

Cuando salieron de la cueva, el viajero estaba en la entrada, con la linterna en la mano. Se llamaba Vento y venía de Umbra: allí el cristal se había apagado y las noches eran negras del todo. Había venido a pedir luz, pero al llegar todos dormían y no se atrevió a llamar a ninguna puerta. Detrás de él subía Nara, la anciana de la aldea, con un farol y un chal azul: había visto tropezar la luz desde su ventana.

Quedaban unas horas hasta el amanecer. Zico podía cortar una esquirla para Umbra, o Nara podía despertar a la aldea para llenar linternas con la luz de todas las casas, como se hacía antiguamente.

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¿Qué camino eliges?

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