La Plaza de la Eternidad: un pacto con el pasado
Cuentos de Fantasía 13-18 años

La Plaza de la Eternidad: un pacto con el pasado

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En la Plaza de la Eternidad, el Reloj de sombras late con promesas que no terminan de contarse. Cada tic-tac parece cargar el aire de una decisión pendiente. Sobre las altas esculturas, el Dragón ancestral permanece inmóvil, sus ojos brillando como dos faros antiguos que ve todo y nadie quiere despertar. Él vigila el equilibrio del Reino de la eternidad y, por eso, no se apresura a hablar; solo observa.

A unos pasos de distancia, la Exploradora dimensional ajusta sus instrumentos: una brújula que no señala norte, un cuaderno donde cada página está escrita en un idioma que cambia con cada realidad, y un reloj de bolsillo que parece latir al ritmo de la plaza. Ella, joven y decidida, no teme al silencio; sabe que cada detalle puede abrir o cerrar un paso hacia otra historia. Su voz, clara, corta la pausa:

—Necesito que el tiempo nos muestre si hay camino para volver a moverse sin romper lo ya visto. Si el reloj se activa, la realidad podría abrirse más allá de lo que hemos imaginado.

Del rincón más sombrío, surge el Ser del caos, neutro en su naturaleza cambiante. Sus formas se retuercen como humo que toma cuerpo para hablar. No quiere ni condenar ni aprobar; simplemente mide probabilidades, como quien reparte cartas ante una partida incierta. Su intervención llega sin que nadie la haya llamado. Es la voz que no promete certezas, solo pistas entrelazadas.

—El tiempo detenido ofrece una salida o una trampa—dice, y su voz se adapta a cada oído que lo escucha—. Todo depende de la cantidad de verdad que acepten dejar ir y la que pidan conservar.

El Dragón ancestral gira ligeramente la cabeza, y su aliento no llega a humear, sino a recordar las consecuencias. —La puerta no se abre sin una decisión que pacte con el pasado— advierte con voz que parece una campanilla de hierro. —Si elegís activar, sabed qué se arriesga en el ahora.

La Exploradora dimensional respira hondo y fija la mirada en el Reloj de sombras. —Podemos sincronizar la maquinaria sin buscar la salida de inmediato— propone con firmeza. —Podemos detenernos, estudiar qué nos dejó, aprender de esa pausa y quizá encontrar una vía que no regrese a un mismo error.

El Ser del caos observa, y su presencia aporta un peso más práctico que místico: —Lo que decidís afectará varias realidades. Si alguien quiere avanzar, debe aceptar una deuda con lo que ya fue.

La plaza permanece en un instante suspendido, a punto de estallar en una decisión. El Reloj de sombras late con un último susurro. ¿Qué harán, entonces, cuando la posibilidad de activar el reloj se presenta ante sus ojos, o cuando deciden guardar silencio para buscar una guía? ¿Qué pacto con el pasado están dispuestos a realizar, si esa puerta no se abrirá sin él?

¿Qué camino eliges?