Un plano bajo la fuente
Daro levantó la rejilla de la fuente. Debajo estaba el plano que había consultado cuando comenzó el desastre. Vera lo extendió en el borde seco y comprobó que el agua amenazaba solo al barrio norte. Los demás podían alcanzar la ladera por la avenida alta.
El hechizo ofrecía dos salidas. Si Vera conectaba su reloj al mecanismo central, podría suspender el agua durante una hora mientras los vecinos recuperaban el movimiento y evacuaban el barrio. El reloj se agotaría: ella perdería el instrumento con el que abría caminos a otros mundos.
La otra posibilidad era liberar el agua hacia un cauce antiguo, visible en las ruinas. Para abrirlo, Daro tendría que derribar su propia torre, construida sobre la entrada. Sus archivos y los objetos que había reunido durante siglos quedarían sepultados.
Vera trazó ambas rutas con el dedo. Podía iniciar la evacuación en la torre, pedir a Caos que comprobara el cauce o ir con Daro a derribar el obstáculo. El dragón apartó del plano una garra que ocultaba el dibujo de su casa.
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