El choque en la terraza
No hubo una señal. Hubo una piedra, luego una horca levantada, luego gente corriendo por el paso de la terraza baja con antorchas y palas. Adrián sostuvo con el pensamiento el tramo de piedra que tenía más cerca; otro tramo, apilado deprisa, se abrió por la mitad y cayó hacia el lado del valle.
Bajo las piedras quedó un hombre del valle con la pierna atrapada. Dos guardias y dos personas de las antorchas lo sacaron a la vez, sin mirarse. Un chico de la ciudad se sujetaba el brazo roto junto al pozo.
Tarun estaba en medio. Cada vez que miraba los minutos siguientes de cualquier movimiento, veía a alguien caer. Dejó de mirar. Se quedó quieto, con las patas separadas, ocupando todo el hueco entre los dos grupos, y dejó que lo empujaran.
Sabela gritó a los suyos que pararan. El capitán de la guardia gritó lo mismo a los suyos. Nadie paró del todo.
Podían mantener la línea hasta el amanecer, con Tarun en el hueco y Adrián sosteniendo lo que quedara en pie, hasta que uno de los dos lados se cansara. O Adrián podía deshacer toda la piedra que había en medio, la suya o la del consejo, y pedir que parasen sin nada entre los dos grupos.
¿Qué camino eliges?
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