Las camas sin nombre
Los dormitorios olían a yeso húmedo. Sobre cada cama había un rectángulo más claro: alguien había arrancado las placas con los nombres de los trabajadores. Mara encontró una debajo de una tabla. Reconoció el apellido de una familia del barrio bajo.
En la pared del comedor quedaba un plano de evacuación. La ruta señalada llevaba a la compuerta secundaria, precisamente la que se había cerrado. Silas recorrió la línea con una uña. —Les dijimos que salieran por una puerta que nosotros cerramos.
—Sabemos lo que dice el plano —respondió Mara—. Falta saber quién obedeció la orden y quién intentó cambiarla.
Desde la ventana vieron humo en la oficina del lobo. Más abajo, junto al aliviadero, un pato muy viejo reparaba una cesta. Era el Pato Inmortal: había sobrevivido a tantos inviernos que ya nadie sabía su edad. Cualquiera de los dos podía recordar aquella noche.
¿Qué camino eliges?
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